Viernes, 18 de Agosto de 2017

Andrea Alonso Rodrigo: Nada, bajo la piel.

Andrea Alonso Rodrigo, “Nada VII” (2016).

La artista hace uso del cuerpo femenino como expresión de sensibilidad y el hogar, como espacio para reflexionar y sentir la soledad.

“Nada” parece lo que es: cuerpos, siluetas y ausencia de rostros. Las pieles únicamente adornadas por lunares, las manos blanquecinas con pequeños puntos de color y las luces que iluminan los pliegues de la piel asientan los pilares de un proyecto fotográfico que ofrece el poder de interpretar al público. La autora, Andrea Alonso Rodrigo (Gijón, 1994), busca que los espectadores se cuestionen el porqué, las circunstancias, las consecuencias; que cada individuo recree de manera personal y única el sentido de las fotografías.

Lejos de fantasear con un mundo feliz y perfecto, las imágenes incitan a reflexionar sobre el dolor humano en soledad, sobre el día a día; empujan a percibir el abismo entre la realidad y las vidas de ficción utópicas de las grandes pantallas. En esta, todos somos más pequeños y vulnerables.

El aparente bienestar se quiebra a través de muñecas en posiciones incómodas, de manos que cubren el rostro y de brazos que reposan abatidos sobre rincones cotidianos. No hacen falta miradas para trasladar la amargura que se esconde en “Nada”. La sensibilidad y la sensualidad se transmiten a través de las curvas femeninas, que resaltan entre fondos predominantemente lisos que proporcionan aún más protagonismo a los detalles. Detalles como flores y plumas, que acompañan a las protagonistas como símbolo tradicionalmente asociado a la feminidad y que aportan, a su vez, pinceladas de delicadeza.

La sensación de melancolía se traslada al exterior a través de paisajes en parajes alejados de la existencia humana; unas fotografías que sirven para conectar el sentimiento de soledad en la intimidad del ser humano y en el exterior, en la naturaleza. El agua, un elemento común a los dos espacios, se muestra transparente o por el contrario se torna opaca repartiendo a partes iguales una sensación de sosiego y de intriga y nerviosismo. Por otro lado, las hojas y la naturaleza de las tomas al aire libre recuerdan la conexión entre el ser humano y su entorno de un modo tanto explícito —colocando a las protagonistas en las escenas— como implícito —limitándose a ofrecer capturas de lugares mágicos y recónditos—.

Los tonos oscuros contrastan con los rayos de luz, que ofrecen un suspiro de esperanza entre todas las derrotas. “Nada” combina en una misma escena sentimientos confrontados y refleja el duelo entre ambas partes… Tal y como ocurre en la realidad.

“Nada” ¿acaso es lo que parece?

Texto: Henar Martínez Vega.

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