Viernes, 18 de Agosto de 2017

El acrónimo de Gonzalo Torrente Ballester.

Retrato del literato español Gonzalo Torrente Ballester. Fotografía: Getty Images/Ulf Andersen.

La mañana empieza en la Nave de Motores de Pacífico, y yo llevo bajo el brazo, pasmado de ociosidad (porque ya he dejado de leer mientras camino), aquella “Crónica del rey pasmado” que se trivializó en el cine, mongoidal de Gabino Diego, y si el libro no dice nada de mi observar las enormes ruedas cómicas de la Nave es que también él se pasma, epata, sublima, a la sombra de los engranajes y las palancas y los paneles de mando.

Entonces mi acompañante me roba una foto, perdida en la grifería de mis eructos.

Yo no soy no king (como se diría en inglés, duplicando la negación: por cierto que no soy rey de nada), ni tengo más reino que la intimidad secreta de este nomadismo cada día más cruel, del que no se atisba raíz, de profunda. Tampoco anhelo ver más desnudos que la osamenta de mis fetiches, libros con más vida que muchos bustos de museo, y el desnudo de mi reina, en todo caso, ante la cual no se postran Iglesias ni Gobiernos.

Esto he de agradecérselo sólo a ella; ¡siéntete aludida aquí! (y no me obsequies tanta rabia).

Pero el autor de “Crónica del rey pasmado” es Gonzalo Torrente Ballester, cuyas iniciales responden al acrónimo G.T.B.

GTB. Sólo falta la ele, al inicio. LGTB. ¿A quién le suena?

Licenciado Gonzalo Torrente Ballester, qué tendrías que decir sobre esta Edad Media rezagada nuestra, que en línea recta huye de la modernidad. Somos antipáticos, y tomamos actitudes afectivas con lo que menos ofende; del resto hacemos papiroflexia, un guiñapo. ¿Qué? ¿De paradojas, hablas? No pierdes cuerda, maestro; de algún modo sabías de la existencia del colectivo con el que compartes iniciales. Bien. Es cierto, el lobby LGTB gasta buena lámina en estos días, días que yo, a su vez, estoy adjetivando de medievales. Esto me pides que lo explique. ¿Cómo? ¿Que tú, incluso muerto, asumes con detalle esta problemática? ¡No me cabe duda! Pero si dejo este artículo al ventriloquismo no voy a saberte desgranar, y lo que por mi boca salga llevará mi firma y no la tuya.

Conque déjame hablar. Paradoja. Sí. Días de mucho avanzar en tanto y tanto amurallarse en otros descalabros. Tú dirás que me mantenga tranquilo, que no hay cosa que deje de modificar la sustancia de las demás cosas. Pero yo no soy tú, don Gonzalo, aunque seamos tocayos; a mí por las mañanas me despiertan llamadas frías, de algún despacho de abogados o de algún otro signo de desperfecto que me remite así, de anécdota en drama, hasta el infinito… Esto es un fenómeno que no logro calibrar.

Pero qué denuesto que tú, don Gonzalo, no dejaras goma de mascar para estos días reivindicativos, y que tus ocurrencias y extraño carisma todos te los llevases a los luceros.

De ahí el aire secreto que adquiere la Nave de Motores de Pacífico, ahora que he volcado tu libro al fondo de una de estas ranuras.

Ella dice que baje a recuperarlo.

¡G. T. B.!

Texto: Martín Parra.

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