lunes, 25 de septiembre de 2017

El fascinante juego de los equívocos.

Ideograma de Joan Brossa, “Barcino“ (1994). Fotografía de archivo.
Ideograma de Joan Brossa, “Barcino“ (1994). Fotografía de archivo.

Joan Brossa fue pionero en la creación de poemas visuales en España. Incisivo y certero, en su obra se da una pluralidad de tendencias que lo hacen inclasificable. En su proceso creativo existió siempre una directa equiparación entre la poesía y la vida; una ética de compromiso con la sociedad y una marcada definición de sí mismo como poeta. ‘Soy poeta porque el poeta puede utilizar diferentes lenguajes. Siempre se pueden utilizar otros recursos. La poesía está por todas partes. El poeta construye pequeños vehículos con tal de plasmarla.’

La trayectoria artística de Brossa comienza en 1939, en plena Guerra Civil, con una obra que escribe en el frente de Lleida, mientras combate en las filas del ejército republicano. En 1941 conoce a Joan Miró, quien le aporta una actitud rupturista, llena de un primitivismo puro. La influencia de Brossa en sus compañeros de Dau al Set fue grande. Su pasión por lo desconocido, la magia, la prestidigitación ejercerá un impacto inmediato en artistas como Antoni Tápies. Previo a estas experiencias vanguardistas, Brossa ya tenía un camino recorrido. De 1941 datan sus primeras incursiones en la poesía visual en forma de caligramas, en la línea de las experiencias de Guillaume Apollinaire y de los poemas y acrósticos que habían realizado en Cataluña Josep Maria Junoy y Joan Salvat-Papasseit, que introdujo en la poética catalana experiencias derivadas del cubismo y el futurismo.

La etapa siguiente vendrá marcada por la deconstrucción del lenguaje y la descontextualización de la letra, buscando su sonoridad y su valor poético. Brossa llegará a otorgar una autonomía a la onomatopeya y a los signos de puntuación. Desde ese momento, uno de los instrumentos más potentes de su poesía visual será el abecedario, pues para él significa la entrada al juego de la literatura, en el que el azar es un elemento de la composición. La combinación de las letras permite construir y deconstruir: si cambiamos una letra estamos mudando el significado de las palabras y, por tanto, designamos cosas diferentes. Nos hallamos casi en los territorios de la prestidigitación.

Con el paso del tiempo, aumentó su interés por la imagen. En su obra siempre habrá una simbiosis entre palabra e imagen que toma la forma de un intercambio entre la materialidad y la lectura. El creador aplica recursos poéticos a los objetos: los objetos se convierten, así, en algo metamórfico que entra de lleno en el juego de los equívocos. A lo largo de su vida, reflexionó en ocasiones acerca de la poesía visual, definiéndola como la hija de un tiempo en el que las artes visuales están muy influidas por el cine, los anuncios, las señalizaciones. La poesía visual como un instrumento de la sociedad de consumo en manos del artista.

Joan Brossa, quien podría ser considerado como el último de los utópicos, falleció en 1998 a sus casi ochenta años de edad.

Texto: Roberto Lacrosse.

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