jueves, 14 de diciembre de 2017

Palestina: la asfixia de un pueblo sometido.

Padre e hijo durante un bombardeo israelí en Gaza. Fotografía: Oliver Weiken.
Padre e hijo durante un bombardeo israelí en Gaza. Fotografía: Oliver Weiken.

El atroz enfrentamiento que viven, desde finales de 1987, Israel y Palestina ha ido adquiriendo con los años dimensiones de una complejidad extrema, agudizada por la especial naturaleza del Estado sionista, los acontecimientos sucedidos en la historia más reciente de los países árabes de la zona, los intereses político-económicos de las superpotencias y la desgarradora situación bajo la que están sometidos los palestinos.

La “Guerra de las piedras” o primera intifada supuso el alzamiento de los palestinos contra el implacable colonialismo israelí. El enfrentamiento duró hasta la firma de los Acuerdos de Oslo, el 13 de setiembre de 1993, y la creación de la Autoridad Nacional Palestina. En esta contienda murieron 1470 palestinos y 271 israelíes. A finales de 2000 tuvo lugar un segundo levantamiento: la Intifada Al-Aqsa, que terminó oficialmente el 24 de febrero de 2005.

La fuerte represión israelí y la alarmante condición económica y social de la población palestina, están en el origen de los acontecimientos registrados en Cisjordania y la Franja de Gaza que han servido de elemento desestabilizador en Oriente Medio. En principio, se trataba de una colisión entre dos ideologías nacionalistas en disputa de un mismo territorio. Estos dos movimientos eran muy desiguales: El árabe palestino, autóctono, reivindicaba el derecho a la libre determinación. El otro, exógeno, europeo e imperialista, proclamaba la reunificación de los judíos dispersos. Los primeros pasos del conflicto fueron propiciados por el colonialismo europeo que apoyó el proyecto de ocupación y modernización sionista. Durante todos estos años, la comunidad internacional ha sido incapaz de atajar el problema. La duración de la pugna ha añadido tensión, dificultando la búsqueda de una solución. Con el tiempo, los palestinos se han convertido en una nación desarraigada que depende de la ayuda exterior.

Y en medio de toda esta sinrazón, el pueblo, siempre acostumbrado a sufrir las consecuencias más graves.

Texto: Mikel Martínez.

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