jueves, 14 de diciembre de 2017

Adictos al cibersexo: pornografía en la red.

Fotograma de la película “¿Hacemos una porno?” (2008), del director Kevin Smith.
Fotograma de la película “¿Hacemos una porno?” (2008), del director Kevin Smith.

Internet ha supuesto para la pornografía un cambio tan significativo como el advenimiento de los reproductores domésticos de VHS. Tras la irrupción de la red interconectada, la privacidad y el anonimato del individuo han llegado a un extremo antes desconocido.

Numerosos estudios han revelado que la palabra clave “sexo” es la más recurrida en los buscadores. El material pornográfico inunda la red. Por no tener legislación, dueños, ni límites geográficos, internet se ha convertido en el medio ideal para publicar y distribuir desde fotos hasta vídeos. En el ciberespacio, la pornografía es el segmento más productivo; uno de los pocos sectores en el que los usuarios están dispuestos a pagar por acceso a contenido sexual explícito. En un entorno virtual en el que conviven más de tres mil millones de personas, la industria del sexo online genera cada segundo un beneficio de 2.750 euros. El negocio del erotismo digital no ha sufrido las consecuencias de la actual crisis: las cifras correspondientes a los ingresos anuales superan los 86 billones de euros. El 43% del total de usuarios ve material pornográfico.

Paradójicamente, la era de la comunicación se ha revelado como el tiempo de la soledad y la marginación para muchas personas. Un estudio de la Universidad de Stanford evidenció que un 2.6% de la población norteamericana que se conecta habitualmente a internet es adicta a la pornografía virtual. El consumo reiterado de porno puede tener efectos negativos en la conducta sexual. Más del 50% de quienes se dedican a las interacciones cibersexuales han llegado a perder el interés en las relaciones carnales. Un tercio de sus parejas en la vida real han perdido también la apetencia.

Atrapados en una espiral mercantilista en la que el sexo se convierte en un negocio, el problema se presenta para mucha gente en el hecho de sentirse insatisfecha al comprobar su pobreza afectiva y sexual, lo que produce una asimetría entre lo que se ofrece y la propia realidad.

Texto: Alex J. Santos.

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