viernes, 22 de septiembre de 2017

El hombre que acabó con el sueño americano.

Robert Frank, “Marilyn Dead” (1962).
Robert Frank, “Marilyn Dead” (1962).

Robert Frank es una de las figuras esenciales en la historia de la fotografía. La importancia de su obra reside no sólo en el interés de sus propuestas y en la calidad artística mantenida a lo largo de su trayectoria, también en el cambio de rumbo que marcó a casi todas las corrientes fotográficas y en la influencia que supuso para las generaciones posteriores.

Este suizo de Zurich emigró a Estados Unidos en 1947 y comenzó a fotografiar la América real con una mirada cercana al existencialismo europeo de posguerra. Una visión que no gustó nada a los norteamericanos más instalados en la autocomplacencia, pero que animó a los críticos con el american way of life a explorar otros caminos.

La fotografía documentalista de la segunda posguerra mundial estaba marcada por la llamada fotografía humanista, iniciada en los años treinta. Una amalgama de tendencias internacionales que tenían lo humano como tema y que alcanzó su consagración en la exposición “The Family of Man”, una iniciativa de Edward Steichen presentada al público en enero de 1955 en el MoMA de Nueva York. La muestra la componían 503 imágenes de 273 autores de diferentes países y estaba planteada para suscitar en los espectadores un sentimiento de fraternidad universal que les hiciera recuperar la fe en el ser humano, convicción perdida tras los desastres de la guerra.

Robert Frank, que trabajó como ayudante en la organización de la exhibición, comenzó a alejarse de esa visión bienintencionada que, mediante un tratamiento igualitarista de la humanidad, obviaba las desigualdades, resultando ser sin pretenderlo un edulcorante para las realidades más amargas, un perfume para las discriminaciones sociales más pestilentes. Con posterioridad, expandió sus intereses al cine y experimentó con la composición y manipulación fotográfica.

Frank, que culminó su visión ácida de la América profunda con un libro hoy clásico, “The Americans” (Grove Press, 1957), inauguró un estilo que se comenzó a llamar humanismo pesimista y que se convirtió en el punto de partida de los jóvenes fotógrafos de los años sesenta. Todavía hoy buena parte de la fotografía sigue su estela.

En 2007, recibió el premio PHotoEspaña Baume et Mercier en reconocimiento a su excelso quehacer como cronista gráfico de la melancolía, la desazón y, en ocasiones, el horror existencial.

Texto: Alex J. Santos.

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