lunes, 11 de diciembre de 2017

Los seres humanos como un objeto.

El Hombre de Hojalata del "El Mago de Oz" (1939). Fotografía de archivo.
El Hombre de Hojalata del “El Mago de Oz” (1939). Fotografía de archivo.

Zygmunt Bauman dice que la sociedad de consumo implica un tipo de sociedad que alienta y promueve la elección de un estilo y una estrategia de vida consumista, y desaprueba otras opciones culturales alternativas; se trata de una sociedad que ha de amoldarse y ceñirse a los preceptos de la cultura del consumo.

La sociedad capitalista industrializada concibe los objetos y las imágenes, a través de la publicidad, como objetos para el deseo; sin embargo el deseo aliena de forma gigantesca, se trata de un deseo abstracto, anónimo y estadístico. Crea la necesidad de consumir, de consumir sin necesidad, y los medios de comunicación movilizan nuestros deseos; la posmodernidad trajo la antropomorfización de los objetos. El mundo es tomado por los seres humanos como un objeto, lo tratamos como tal, de ahí uno de los grandes problemas de nuestro tiempo, el medio ambiente.

Vivimos en la cultura de la indiferencia; quizá el diseño debiera devolver la verdadera calidad a los objetos del siglo XXI, porque como pretende el marketing, cuando ya poseemos el objeto, se pierde su necesidad, incluso lo mismo hacemos con las personas; así de estúpido es el ser humano. La racionalidad de la mente se opone a la emoción, a la sensibilidad.

Los objetos, como las personas, deben ser proyectados para ser acariciados con la mano y con la mente, no deben ser superfluos; se trata de la poética de las relaciones.

Texto: Alfredo Navarro Saldaña.

Un comentario

  1. Angela Cueto González

    Menos mal que este sistema en sí es totalmente contradictorio, no cabe duda que por todos los medios nos crean necesidades, qué te voy a decir a ti que no sepas. Pero por otro lado, los que nos incitan al consumo nos han dejado a la gran mayoría fuera de ese circuito y el gran milagro consiste en subsistir. Para colmar su gran avaricia, si no pueden consumir muchos, el objeto es más caro, con lo que lo pueden comprar menos gente. Menos mal que nos queda Ikea.

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