jueves, 14 de diciembre de 2017

Free Cinema: mordiscos de realidad.

Fotograma de la película “The Angels's Share” (2012), del cineasta Ken Loach.
Fotograma de la película “The Angels’s Share” (2012), del cineasta Ken Loach.

El Free Cinema es, junto a la Nouvelle vague y el Neorrealismo italiano, uno de los movimientos más influyentes dentro de la cinematografía mundial. Es un género deudor del los documentales del escocés John Grierson que comenzó a definirse como tal en la década de 1950, a través de los trabajos de Karel Reisz, Tony Richardson y Lindsay Anderson, quien lo definió como independiente, personal y poético. Los cineastas ingleses decidieron desvincularse de las pretensiones y artificialidad de Hollywood, proponiendo un cine de autor sobre la sociedad, la clase obrera y el significado de lo cotidiano, encuadrado dentro de una estética contestataria, crítica con su sociedad puritana y clasista. Este énfasis relegó la forma a un segundo plano.

Cuando nos referimos al Free Cinema no podemos ignorar el compendio literario “Manifiesto de los jóvenes iracundos” (Ed. Dédalo, 1960), conformado por los artistas que estaban cambiando la intelectualidad británica del momento. Estos eran, el dramaturgo y guionista John Osborne, Colin Wilson, John Wain, Bill Hopkins, Doris Lessing, Kenneth Tynan, Stuart Holroyd y el ya mencionado Lindsay Anderson. Este contenido alimentó la creatividad de muchos jóvenes directores; sin embargo, el movimiento comenzó a perder homogeneidad. En 1977, Lindsay Anderson dijo: “El Free Cinema, como movimiento histórico específico, como género o como aspiración, ha sido definido, criticado o atacado de formas tan variadas que no sorprende que hoy exista una gran confusión con respecto a lo que el término implica exactamente.”

En las últimas décadas, el cine inglés ha producido una serie de interesantes melodramas familiares y comedias costumbristas que explotan las dificultades económicas de las clases media y baja durante la época de la gran reconversión económica de Margaret Thatcher, y que supusieron un nuevo impulso al género.

Más allá de celebridades consagradas, y sin olvidar a viejos maestros, no se pueden obviar talentos coetáneos como Danny Boyle o Shane Meadows.

Ya sea a través de las criaturas combatientes de Ken Loach (“Riff-Raff”, “Lloviendo piedras”) o la dureza e ironía de Stephen Frears (“Ábrete de orejas”, “La camioneta”), el cine social británico mantiene el objetivo de desnudar la fría política neoliberal que destruyó hogares, familias, estilos de vida y ciudades enteras en beneficio del eficientismo económico.

Texto: Carla Sanjuán.

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