lunes, 11 de diciembre de 2017

A propósito de Lemmon: aquellas comedias locas.

Tony Curtis y Jack Lemmon rememorando “Con faldas y a lo loco”. Fotografía: Annie Leibovitz.
Tony Curtis y Jack Lemmon rememorando “Con faldas y a lo loco”. Fotografía: Annie Leibovitz.

John Uhler Lemmon III nació en Boston el 8 de febrero de 1925. Después de matricularse en Harvard, se introduce en el mundillo interpretativo universitario, encaminando posteriormente su afición a la actuación como profesión. Tras pasar por el ejército, Lemmon comienza a participar en diferentes medios: radio, televisión y teatro, consiguiendo un relativo éxito que lo lleva a Hollywood.

En 1954, firma un contrato con Columbia y aparece en las formidables comedias “Una rubia fenómeno” de George Cukor y “Phffft!” de Mark Robson. Un año después consiguió el Óscar al mejor actor secundario por “Escala en Hawai”, un filme dirigido por John Ford y Mervyn Leroy. A partir de ahí, su carrera va de éxito en éxito, culminando la década de los años cincuenta con buenas películas como “Mi hermana Elena” (1955) y “Me enamoré de una bruja” (1958), ambas de Richard Quine; “Cowboy” (1958) de Delmer Daves y, sobre todo, “Con faldas y a lo loco” (1959) de Billy Wilder, en su primer encuentro —de los siete que protagonizaría— con el genial director de origen austriaco. Su segunda colaboración conjunta, “El apartamento” (1960), consigue al Óscar a la mejor película. Comienza aquí el mejor periodo de su carrera. Películas de la talla de “Días de vino y rosas” (1962), estupendo drama alcohólico de Blake Edwards, “Irma la dulce” (1963) de Wilder, “En bandeja de plata” (1966) de nuevo con Wilder o “La extraña pareja” (1968) de Gene Saks fueron momentos álgidos complementados por otros títulos menos valorados como “La misteriosa dama de negro” (1962) dirigida por Quine.

En 1971, Lemmon prueba suerte detrás de las cámaras con “Kotch”, su única película como director en la que participaba uno de sus mejores amigos, Walter Matthau. Matthau y Lemmon formarían una de las parejas de comedia con mayor química en la historia del cine, y que dio lugar a interpretaciones que derrochan un genial sentido del humor como en “Primera plana” (1974) o “Aquí, un amigo” (1981). Los años setenta le traerían su segundo Óscar, esta vez como mejor actor principal por “Salvad al tigre” (1973), de John G. Avildsen.

En la última etapa de su carrera, se consolida como actor dramático. Dicho afianzamiento queda demostrado en películas como “Missing” (1982) de Costa-Gavras, “Glengarry Glen Ross” (1992) de James Foley o “Short Cuts” (1994) de Robert Altman.

El 27 de junio de 2001 fallecía a causa de un cáncer a los 76 años. Jack Lemmon, uno de los actores más queridos por haber encarnado al héroe cómico —con un punto de melancolía— que hay en cada tipo corriente, demostró al espectador que con ironía y sarcasmo se pueden superar las situaciones más adversas.

Texto: Mauro Sol.

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