lunes, 11 de diciembre de 2017

El arte, la naturaleza y la verdad humana.

Retrato de Samuel Armas (detalle). Fotografía: Miguel Ángel Alonso Treceño.
Retrato de Samuel Armas (detalle). Fotografía: Miguel Ángel Alonso Treceño.

Samuel Armas, que vive del gesto espontáneo del color puro, ha demostrado que el arte no sólo puede desarrollarse en el presente en el arte conceptual, el cine, la fotografía, la imagen, la instalación, sino también en la pintura. El artista no tiene otro remedio que aceptar su propio compromiso con su arte, con su pintura. André Derain decía que el arte es dionisíaco, un himno a la alegría, una embriaguez del espíritu.

Pintor esencial de una gran expresividad y violencia cromática, delicadas texturas, grandes efectos e intensidad sensitiva. Sus obras dominan completamente el espacio y opera con colores, formas, sueños, esperanzas, repletas de asociaciones que sugieren el mundo exterior.

Utiliza una pincelada expresiva, directa, visceral, libre, con densos empastes; maneja un color intenso, brillante, saturado, puro en ocasiones, dejando áreas planas, vitales, aplicando contrastes de color y un enorme derroche cromático.

En otras ocasiones manifiesta calma, y es capaz de realizar retratos vigorosos, de un cierto interés formal pero también psicológico. Independientemente de las relaciones que existan entre el artista y su modelo, todos sus retratos sugieren una gran intimidad.

Samuel denota su pasión por la pintura, que para él es puro placer, algo interiorizado, una experiencia vital de enorme brillantez y ligereza en el rasgo, en el trazo, y una espontaneidad de embriagante expresividad.

La estructura de sus cuadros, con esa fuerza multicolor, compuesta de capas que se van volviendo progresivamente más intensas ya cuando están en la superficie, hacen que los intersticios temporales amplifiquen las formas y los colores por el enigmático paso del tiempo. Sus pinturas, tan materiales, alcanzan tal fuerza que persiguen al espectador y muestran una gran opulencia.

Posee un gesto que es vuelco de emociones, mostrando algo nostálgico por lo elemental, por la naturaleza y el espíritu. Además utiliza un lenguaje sencillo y directo y traspasa al lienzo la visión de la imagen como se le aparece. Con el simple color natural pretende expresar su verdad humana.

Tiene preferencia por una paleta donde dominan los colores azules espaciales, del pensamiento; verdes de transición y comunicación, de la naturaleza; sienas activos e intensos; además de breves pinceladas rojas, rosas, naranjas y amarillas, solares, de sublimación, mensajeras de la luz, de la intuición, de la sensualidad, de la generosidad y del intelecto.

Mircea Eliade decía que el ser humano no elige nunca el lugar, se limita a descubrirlo, y eso mismo realiza el joven artista emergente Samuel Armas, que emplea una cierta expresión inherente a cada matiz que se percibe como un hecho dado, con ese parentesco que se advierte entre el color y los propios elementos de la naturaleza.

Texto: Alfredo Navarro Saldaña.

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