lunes, 11 de diciembre de 2017

Algún día, Cuba será libre. Yo ya lo soy.

Retrato de Reinaldo Arenas en París, 1966. Fotografía de archivo.
Retrato de Reinaldo Arenas en París, 1966. Fotografía de archivo.

Reinaldo Arenas nació el 16 de julio de 1943. Su infancia estuvo definida por el contraste entre la pobreza y el natural esplendor que le rodeaba. Siguió sus impulsos, bien escribiendo poesía, bien observando cómo otros muchachos se bañaban desnudos en el río, o bien rebelándose en lo imprescindible de un chaparrón torrencial.

En 1958 se unió a la insurrección de Fidel Castro para derrocar al dictador Fulgencio Batista. En 1962, se trasladó a vivir a La Habana, ciudad cosmopolita que le hizo vibrar con entusiasmo en un mundo de posibilidades. Allí descubrió que estaba teniendo lugar una revolución sexual al mismo tiempo que la Revolución oficial, y sus numerosos amantes le fueron introduciendo en la floreciente subcultura homosexual de la capital cubana.

En aquellos tempranos días de la Revolución, la vida de Reinaldo fue una exploración de su identidad. Participó en un concurso de narración, y sus evidentes dotes le hicieron conseguir un trabajo en la prestigiosa Biblioteca Nacional. A los veinte años, escribió su primera novela “Celestino antes del alba” (1967), la única que publicó en sus país.

A finales de la década de los años 60 del siglo XX, el gobierno cubano había impuesto medidas enérgicas contra artistas y homosexuales. Después de ser acusado falsamente de abuso sexual, Reinaldo fue arrestado y enviado a la prisión de El Morro, donde cumplió dos años de condena junto a criminales, asesinos y violadores. Sobrevivió escribiendo cartas a las esposas y amantes de los presos; aquellos favores le permitieron conseguir el papel y los lapiceros que necesitaba para sus propios escritos. Sin embargo, sus intentos de sacar de contrabando su obra fuera de la cárcel resultaron infructuosos, sufriendo las consecuencias en forma de castigos y vejaciones brutales.

En 1980, Fidel Castro permitió que los homosexuales, los enfermos mentales y los criminales salieran de Cuba en la embarcación Mariel Harbor; un cambio de última hora en su pasaporte le permitió salir del país sin ser descubierto. Tras asentarse en Nueva York, inició su vida como exiliado: empobrecido y sin patria, pero con un apetito por vivir y escribir todavía feroz. En este punto, su lucha todavía no había terminado; tras contraer el VIH, comenzó una furiosa carrera contra la muerte para completar el trabajo que tenía entre manos.

Para cuando la muerte le sobrevino, en 1990, había escrito más de veinte libros, incluyendo diez novelas y numerosas historias, poemas y obras de teatro. Su literatura es probablemente la más apasionada y llena de rabia de toda la que se ha escrito contra el estado totalitario castrista. Sus memorias, “Antes de que anochezca”, fueron publicadas en 1993 siendo catalogadas como uno de los mejores libros de ese año.

“Queridos amigos: debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida […] Les dejo pues como legado todos mis terrores, pero también la esperanza de que pronto Cuba será libre […] Al pueblo cubano tanto en el exilio como en la Isla les exhorto a que sigan luchando por la libertad. Mi mensaje no es un mensaje de derrota, sino de lucha y esperanza. Cuba será libre. Yo ya lo soy.” (Extracto de la nota que Reinaldo Arenas escribió antes de suicidarse).

Texto: Pedro Sebastián.

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