viernes, 24 de noviembre de 2017

Ser mujer en el integrismo islámico.

Retrato de una mujer yemení. Fotografía: Steve McCurry.
Retrato de una mujer yemení. Fotografía: Steve McCurry.

El 90% de la población asentada en los territorios sometidos al dominio del fundamentalismo islámico vive bajo un régimen de terror, pero hay un sector que sufre especialmente las normas impuestas por los integristas: las mujeres, las cuales gozaban de una relativa libertad para trabajar, vestir, conducir y/o aparecer en público hasta 1996.

La situación actual las relega a vivir ocultas, sin ningún derecho. La prohibición de trabajar, recibir una educación y la obligación de ir acompañadas por un varón de la familia las condena a la mendicidad o a una muerte lenta en sus casas. El riesgo de morir violentamente no deriva sólo del incumplimiento de estas reglas dictadas por la sinrazón, ya que un importante número de mujeres son raptadas, violadas, mutiladas y asesinadas. Muchas de ellas, desesperadas, se dejan morir en las esquinas, en sus hogares o se suicidan. De hecho, el índice de suicidios aumenta cada día de una forma alarmante.

Frente a todo este horror, podemos encontrar ejemplos de valentía y tesón como la Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán (RAWA), fundada en Kabul por Meena Keshwar Kamal en tiempo de preguerra, cuando muchas mujeres pensaban que el futuro estaba lleno de promesas de libertad. En la actualidad, esta fundación procura auxilio a viudas, mantiene una extensa red de escuelas clandestinas y orfanatos para niñas, desarrolla programas de asistencia familiar, además de continuar su labor de firme oposición y denuncia. La mayoría de las ONGs y sus trabajadores sociales cumplen un papel circunstancial; cuando abandonan el escenario de acción se llevan consigo los recursos necesarios para ayudar a estas mujeres a combatir los perturbadores niveles de marginación en los que están sumidas.

Según la Sharia, la ley de Mahoma registrada en el Corán, la mujer no es igual al hombre. La mujer es la imagen del alma, mucho más irracional, frágil y proclive a la imaginación. Su cuerpo es considerado una fuente de tentaciones que se evitan mediante su aislamiento y control estricto.

El islamismo radical defiende la no intromisión de Occidente ya que se trata de una cuestión de cultura. Pero no se trata ni de tradición ni de cultura, hablamos de alienación y de una situación extrema incluso en aquellas culturas donde el fundamentalismo es regla. Los derechos de la mujer no son un tema irrelevante, y es inaceptable que sea tratada como una propiedad. La igualdad y la dignidad son derechos esenciales inherentes a todo ser viviente.

Texto: Mikel Martínez.

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