lunes, 11 de diciembre de 2017

Persiguiendo “yoes” tras la muerte del coyote.

Ángel García Roldán, “Tote Kojoten - detalle” (2014).
Ángel García Roldán, “Tote Kojoten – detalle” (2014).

No somos proclives a la desaparición porque siempre hay un paraíso que nos atrapa. Las imágenes de la serie “Tote Kojoten (Coyote muerto)” —expuestas al público hasta el 20 de mayo en el Espacio iicono de Granada— nos ofrecen, desde el ámbito del realismo, la tragedia e ironía del sacrificio. Cuestionan la evidencia de un rostro deformado para acceder desde él a la evidencia de una estrategia del rapto y su consecuencia más dramática: el Ecce Homo contemporáneo.

Nos situamos ante el instinto ciego y mecánico del Pathos en la supervivencia. Ese animal que habitamos niega cualquier suerte de conciencia y espiritualidad. Donde la realidad es el desenlace físico de cualquier presión manifestada a través de la sangre o su simulacro: el destino del coyote es su muerte en la cuneta de cualquier carretera.

El carácter performativo de estas imágenes seducen al mismo tiempo que ofrecen la sospecha del artificio: nada es real salvo en el instante justo de su transformación. Cuando me planteo una fotografía en la que me voy a situar a ambos lados de la cámara, necesito despojarme de todos los atributos e ideas que puedan conducirme a controlar la propia situación. Por eso prescindo del artilugio y sólo me muestro, o más bien me presento intentando escapar a la idea de ser representado. No actúo, sólo me dejo llevar por la acción de lo físico.

Mi cuerpo, mi rostro, es acorralado ante los límites necesarios que consensúan lo que podríamos denominar como una realidad auténtica. A pesar de ello, sigo pensando que cualquier acto humilde de fotografiarme se convierte finalmente en una farsa, porque las certezas son tan intangibles que cuando me veo como un otro ya no puedo considerar propia mi verdadera imagen.

Como ante las imágenes de cualquier depredador, la serie “Tote Kojoten” plantea ese interrogante: el del personaje, su acción, su situación y cómo deseo dominarlo: capturándolo en su máxima expresión y la exageración de su movimiento.

¿Qué es lo que sucede? ¿Por qué tanto dolor? ¿Para qué tanto sufrimiento?

Texto: Ángel García Roldán.

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