lunes, 25 de septiembre de 2017

El gran Lebowski: aterriza como puedas.

Fotograma de la película “El gran Lebowski” (1998), de Joel y Ethan Coen.
Fotograma de la película “El gran Lebowski” (1998), de Joel y Ethan Coen.

Burroughs decía escribir bajo los auspicios de un principio literario: “El lenguaje es un virus venido del espacio”. Así sea. Por ello, prefiero la fotografía como método de comunicación.

Por otra parte, Jonathan Littell, en una de sus pocas entrevistas, con motivo del éxito de su novela “Las Benévolas” (2006), señala: “La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba”. Desgraciadamente para la Humanidad, en nombre de la cultura (con c minúscula, como remarca Littell) se han hecho atrocidades por parte de esos asesinos organizados, entre otros.

Me parece un desastre que en nombre de una determinada ética, patronos del odio, como los citados, desarrollen como método de lenguaje (no verbal) el más antiguo de los existentes: la violencia. Esta, con el paso de los siglos va dejando su apocalíptica estela en forma de crímenes contra la humanidad, perpetrados por indeseables. Y, aún ahora: escalofriantes “American History X” (1998) y “El creyente” (2001).

Yo, personalmente, como dicen los galos, a la limitte (al fin y a la postre), prefiero parecerme al Gran Lebowski, o al par de pasotas del Bronx de “Aterriza como puedas”, o lo que es lo mismo, prefiero dejar fluir la realidad en el espacio y en el tiempo cuan asceta contemplador. Así soy, para quien le guste y para quien no, un pasota, amante —desde la humildad— de la Cultura (con C mayúscula, coincido con Littell) y, por tanto del Renacimiento (y del renacer eterno). Del amor al arte, por el arte. Del disfrute de éste y de su práctica, hasta ahora, sin mostrar intereses crematísticos, y que, por tanto, escribo “de aquella manera” (y poco. Ya digo, mucho mejor la fotografía desde su frescura interpretativa).

Pero como me dijo un sabiu paisanu asturianu: “Con estos gües tenemos qu’arar”; 2: violencia y falta de Autodeterminación de los pueblos. Todavía me emociono al recordar un documental sobre los pobres bosquimanos, sometidos cruelmente por sus colonizadores desde hace más de dos centurias. Luis Pancorbo, el documentalista en cuestión, retrataba de forma muy poética y cruda la realidad a la que se había visto abocado, tristemente, este pueblo que había perdido su autoestima debido a la dilución forzada de sus tradiciones. Aquel, retrataba una tribu que, como diría Technotronic, había perdido su “Tribal dance”… Y con ello, desgraciadamente, casi todo lo demás.

Es posible (y deseable) un Mundo de los Pueblos y, sobre todo, mestizo. En el que las tradiciones y los principios interaccionen pero no desde la violencia sino desde el contacto interracial que genere una nueva humanidad sin colores y/o “daltónica”; que disfrute del amor, “como lo hacemos al tocar música o bailar, sin que el objetivo sea llegar a cierto punto, como el final de la composición o a un determinado lugar del suelo, respectivamente” (Watts). Lo grande es el amor en sí mismo. El arribismo social es otra cosa, no me interesa. Ya digo, prefiero al personaje de los Coen: abomino el concepto de relación íntima como puerta a la posesión del otro y/o a la posición social.

Texto: José Luis Santos Lobato.

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