viernes, 22 de septiembre de 2017

La fuerza de la imagen es su concreción.

Vista del luminoso publicitario de Schweppes del edificio Capitol de Madrid. Fotografía de archivo.
Vista del luminoso publicitario de Schweppes del edificio Capitol de Madrid. Fotografía de archivo.

La publicidad es una de las perversiones más notables de hoy: mueve la economía y está presente en la vida cotidiana. Se habla, se escribe y se investiga sobre la influencia de la publicidad. ¿Tienen que estar preocupados los consumidores por la influencia que esta ejerce sobre ellos? ¿Es cierto que la publicidad no es buena ni mala, sino todo lo contrario?

Señalaba el filósofo Ernst Cassirer que el hombre es un ser simbólico cuya capacidad racional y estética le distingue del resto de las especies, pues es capaz de aplicar contenidos y valores a objetos que no los poseen en sí mismos.

En actualidad, el lenguaje audiovisual ha adquirido una importancia tal que ha capitalizado la conducta social. De esta manera, disciplinas como el diseño gráfico cobran vital importancia en la sociedad actual de consumo. La finalidad del diseño gráfico es transmitir ideas, mensajes, afirmaciones visuales y en ocasiones estética pura. La mayor parte del trabajo de diseño se engrana específicamente alrededor de la venta o la promoción del producto que se proyecta. Cada organización individual intenta establecer una imagen única y promocionar de un modo original y eficaz para comunicarse con el mercado potencial. La base del diseño gráfico es la conjunción de diversos elementos en una misma área con objeto de lograr una interacción que transmita un mensaje dentro de un contexto determinado. El mensaje puede comunicarse e incluso modificarse mediante una sutil manipulación visual de los elementos que van a ser utilizados. Esencialmente esos elementos son palabras, fotografías, ilustraciones e imágenes gráficas, combinadas con una fuerza controlada basada en el blanco y negro y el color. En principio, el diseñador puede establecer un terreno de trabajo dentro del cual experimenta, desplazando los recursos gráficos de un lado a otro y comprobando su potencial visual, tanto de manera independiente como en sus relaciones recíprocas.

En 1931, el ilustrador ingles Frederick Barnard escribió: Una imagen vale tanto como mil palabras. Las imágenes son más concretas de las palabras. Cuando el lenguaje toma un término visual le da concreción propia del lenguaje escrito. Mirar una imagen es una experiencia que no requiere conocer una gramática ni un vocabulario, la fuerza de la imagen es su concreción.

Texto: Roberto Lacrosse.

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