lunes, 11 de diciembre de 2017

Mujeres: una tal Emma Cohen.

Retrato de la actriz y escritora Emma Cohen. Fotografía de archivo.
Retrato de la actriz y escritora Emma Cohen. Fotografía de archivo.

Ya lo habrán oído por ahí: Emma Cohen se ha ido al otro barrio. No hay mejor cosa que morirse para que las plañideras mediáticas retomen tan viejo oficio, acompañadas ahora además por los lamentos y sollozos masculinos, pues al fin y al cabo tanto protagonismo femenino siempre es un exceso y conviene acotar los espacios frente a esa igualdad sobrevenida. También hay money, money, claro, pues al fin y al cabo las plañideras ejercían un oficio y cobraban por ello, así que tonterías las justas, piensan los plañideros.

Quizás muchos de ustedes no lo sepan pero Emma Cohen nunca gozó de buena fama ni tan siquiera entre sus iguales de profesión, considerada un poco loca, huidiza y rara, no sólo por su trayectoria como actriz de cine, teatro y televisión, directora de cortos, escritora de relatos y guionista, sino también por su relación de 37 agitados años con un tal Fernando Fernán Gómez. Vivió en París la experiencia de Mayo del 68; hizo papeles de joven atrevida y desganada; fue roja a la antigua usanza (anarquista, comunista y socialista); progre de atraganto en el cine alimenticio de los años sesenta y setenta del pasado siglo pero firme en sus convicciones hasta el punto de apostar por los desnudos en el cine y el teatro y al mismo tiempo rechazar suculentas ofertas pornográficas.

La última vez que la vi fue en la SEMINCI, en Valladolid, hace ya mucho tiempo, aún delgada y alta, apenas como una sombra, de simple acompañante, sin focos ni cámaras, con su mirada triste de ojos maravillosos.

Pero ya digo, quienes no supieron reconocer su trabajo artístico en el Marat-Sade de Marsillach, en “Un enemigo del pueblo” de Ibsen-Miller, o en su recitado de poemas de Miguel Hernández, los mismos que ocultaron que Fernando Fernán Gómez escribió y dirigió “Las bicicletas son para el verano” pensando sólo en ella, esos que hasta ayer mismo la despreciaron son quienes hoy rebosan cinismo tratando de subirla a los altares. Falsos llantos a sueldo en forma de reconocimiento tardío, mala gente, ya digo.

Texto: Pedro Alberto Marcos.

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