jueves, 14 de diciembre de 2017

Gerardo Suter: el cuerpo como territorio.

Gerardo Suter, “El sueño de la memoria – detalle” (1995).
Gerardo Suter, “El sueño de la memoria – detalle” (1995).

La obra de Gerardo Suter (Buenos Aires, 1957) plantea una reflexión sobre la búsqueda de un lugar primigenio donde el entorno y el ser humano se vuelven un mismo elemento. Imágenes en blanco y negro en el límite entre lo real y lo imaginario que se presentan como un lugar en blanco —la nada—, un espacio negro que sólo la memoria puede llenar con imágenes. El blanco y negro en su fotografía le proporciona un control inmediato; el color para él es más difícil de manejar. El blanco y negro supone una abstracción de la realidad ya que el universo es reducido a una escala de grises.

En los últimos años, Suter ha incluido en su propuesta creativa otro tipo de medios como el vídeo o el sonido, que le ayudan a expresar sus ideas con mayor claridad. El artista porteño se ha inclinado hacia la fotografía, el vídeo y la instalación. Plantea en su trabajo una ambigüedad en cuanto al objeto y el sujeto de la disección: por una parte, los cortes se pueden realizar en una persona como si fuera un territorio, con lo que revela un actitud quirúrgica y geográfica ante la tierra para entenderla mejor; por otro lado, las cisuras realizadas sobre el propio cuerpo del topógrafo, que son también marcas de territorio. Salen de esta forma a un primer plano interrogantes sobre la naturaleza de los cuerpos representados: ¿qué son?, ¿representaciones patriarcales?; ¿fantasmas sexuales?; ¿alegorías filosóficas?; ¿son las fronteras de nuestra corporalidad que buscan en la forma mítica una posibilidad de reubicación (mapas) y de contrato (ritos)?; ¿o son las perversiones morfológicas de una figura adulterada por la erosión de su deseo?

En 1994, Gerardo Suter agrupó bajo el título “Anáhuac: radiografías de un valle” una serie de investigaciones en torno a la virtualidad, la imagen digitalizada, el vídeo, la performance y la manipulación fotográfica; metáforas de desarraigo cultural, de erosión ecológica y devastación espiritual que ceden su protagonismo al concepto de trayecto, de la huella y del viaje. El viaje como metamorfosis, como paisaje metafísico constituido por cuerpos devastados… La angustia por la fugacidad perpetua de la presencia y la huella en su obsesión tránsito-muerte. Si antes el cuerpo se ocultaba tras las cámaras o las texturas taxonómicas de un áspero erotismo ahora se traviste mediante sutiles deformaciones, alteraciones digitales sobre la masa informe de nuestro objeto de pasión. Estas alteraciones hacen del cuerpo un monstruo invencible.

Texto: Alex J. Santos.

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