lunes, 25 de septiembre de 2017

Túnez: la deslumbrante joya del Magreb.

Vista panorámica nocturna de Túnez. Fotografía cortesía de Siemens press picture.
Vista panorámica nocturna de Túnez. Fotografía cortesía de Siemens press picture.

Túnez es el país más pequeño del norte de África, pero también uno de los más turísticos y culturalmente bastante liberal: a lo largo de su historia han sido frecuentes las relaciones interculturales con otros pueblos del Mediterráneo. Es pues, un lugar perfecto para un primer acercamiento al mundo árabe.

Con una población de más de dos millones de habitantes en su núcleo urbano, la capital de Túnez, situada al norte, es una de las grandes metrópolis africanas que se encuentra en constante desarrollo. Centro político, administrativo, comercial e industrial del país, fue construida al borde del mar; próxima a la otrora gloriosa Cartago. La hermosura y exotismo de sus parajes junto con la hospitalidad de un pueblo con voluntad de modernidad y que no niega su antiquísima y rica historia, son reclamos irresistibles que atraen al viajero. Muestra de la tradición que perdura es la Medina, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979; allí se concentran palacios, mezquitas, mausoleos, madrasas (escuelas coránicas) y zocos, la esencia del Túnez de siempre.

El primer barrio comercial creció alrededor de la mezquita Zitouna. Este espacio era lugar de reunión de los gremios de oficios nobles. Mientras, los oficios más ruidosos y contaminantes se desplazaban hacia la periferia de la ciudad. Hoy todo sigue prácticamente igual, aunque la calle Jamaa ez Zitouna se ha convertido en un punto exclusivo de venta de suvenires. Los zocos más interesantes son El Attarine, bordeando la fachada norte de la mezquita, El Kumach (de los pañeros) en el lado oeste y El Birka (de los maestros joyeros) en el sur. Las mejores tiendas de artesanía están en el zoco de los turcos. La estructura urbana sigue intacta aunque las murallas fueron destruidas en el siglo XIX y sólo se conservan restos de algunas puertas como la de Bab Jedid y Bab Bhar.

Por otro lado, la ciudad moderna, muy similar en su concepción a las del sur de Europa, se sitúa en la parte oriental fuera de las murallas. Para acceder a ella tenemos que cruzar la Puerta del Mar. Allí, descubriremos algunos de los centros culturales más importantes como el Teatro Municipal o monumentos como la estatua dedicada a Ibn Jaldún, el personaje más ilustre del país. La ciudad nueva, repleta de edificios coloniales se alza dominada por el gran Parque de Belvédère, verdadero pulmón de la metrópoli.

En la parte occidental nos encontramos con la Avenida Habib Bourguiba, la columna vertebral de la nueva Túnez. Esta, ha sido restaurada recientemente, recuperando su estilo art déco. En ella se pueden encontrar docenas de cafés con terraza, como La Brasserie des Deux Avenues, teatros, una catedral católica y varios centros comerciales modernos.

Texto: Patricia Peláez.

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