lunes, 11 de diciembre de 2017

Relatos y cosmovisiones de un viajero.

Aurelio Arteta, “La mina” (1922/23).
Aurelio Arteta, “La mina” (1922/23).

Una huelga encubierta de agricultores en La Rioja paró el tren unas cuantas horas en la vía. Era un viaje incómodo que empezaba con retraso desde la vieja Estación del Norte de Barcelona. Estamos en junio de 1972. Yo tenía que llegar a Bilbao para enlazar con un autobús que hacía la ruta de Hendaya a Tuy; un trazado fronterizo entre dos países por carreteras eternas y al mimo tiempo fascinantes.

Llego a Bilbao a primera hora del sábado. No había posibilidad de coger el autobús que en un principio me iba a dejar en casa, Asturias. Decido llamar a los padres desde una de las cabinas de madera de la Telefónica de Bilbao, después de un rato de espera hasta que me dan línea. Los padres dicen que espere hasta el lunes. Padre me da la dirección de una casa de huéspedes cerca del Teatro Arriaga. Fue fácil encontrarla.

Una vez instalado y comido, salgo a la calle sin brújula, aunque voy descubriendo el Bilbao de los relatos familiares que en tantas sobremesas había escuchado en casa de los abuelos. Bilbao me parece una ciudad tan gris como mágica, cosa que por otro lado me encanta.

Ya de domingo, en la mañana, paso casualmente por el Museo de Bellas Artes de la Diputación de Vizcaya. Entro y camino en la más absoluta soledad. De todas las obras que veo me llaman la atención las de un artista local, Aurelio Arteta Errasti. Compro el catálogo de la exposición y doy una segunda vuelta por las salas. Me fijo más en la pintura de Arteta, es el que más me interesa. Me atrae el mundo misterioso e íntimo de la vida rural de una Euskadi trazada con una paleta de colores sencillos que oculta tras la espesura de las montañas y valles la particular cosmovisión cultural del país. Las escenas de fiestas, la gravedad de los rostros de los aldeanos y las mujeres; y sobre todo la atmósfera casi respirable de cada lienzo me parece algo extraordinario. Un hecho que luego constataré en la obra de pintores asturianos como Valle, Moré, Medina y Piñole, entre otros.

En 2009, Kirmen Uribe gana el premio Nacional de Narrativa por su novela “Bilbao-Nueva York-Bilbao”. Y sorprendentemente aparece por segunda vez Aurelio Arteta como parte de la trama.

Una vez recuperado el libro del laberinto cada vez más complejo de mis estanterías, vuelvo a acompañar a Kirmen en cada página de su relato. Lo hago durante el trayecto de un avión que aterrizará puntualmente en el JFK de Nueva York. Es el gran viaje iniciático de Uribe a los abismos familiares. De rebote, recupero el recuerdo de aquel primer momento en el que contemplé el trabajo de Arteta, en aquel domingo de una mañana de junio en la soledad del museo de Bilbao.

Hoy, recomiendo la lectura de “Bilbao-Nueva York-Bilbao” y si alguien pasa por la ciudad del Nervión busque dónde están expuestos los cuadros de Arteta. No defraudan. Ya de regreso a casa, les sugiero que vayan al Museo de Bellas Artes de Asturias, a la Fundación Evaristo Valle, y a los Museos de Gijón para completar los relatos y cosmovisiones de una pintura de un país aún por descubrir en Asturias.

Texto: Carlos Caicoya.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies

Watch Dragon ball super