lunes, 11 de diciembre de 2017

Balthus: el juego de la vaporosa perversión.

Balthus, “The Golden Days” (1944-46).
Balthus, “The Golden Days” (1944-46).

La pintura de Balthus es una experiencia visual del deseo, el silencio y la pureza; una anotación intimista sobre la belleza y sus riesgos. Transmitir que la hermosura y la inocencia encierran peligros insospechados fue su gran lección. El artista francés enfatizó en una ocasión la importancia de “observar la luz, sus modulaciones, su paso veloz. Comienza por la mañana, después del desayuno, tras leer el correo. Descubro la luz del momento. Entonces decido si voy a pintar o no ese día, si voy a adentrarme en el misterio del cuadro.”

Balthasar Kłossowski de Rola, auténtico nombre del maravilloso Balthus (París, 1908), creció en un ambiente aristocrático altamente cultivado. Su casa era frecuentada por artistas como Pierre Bonnard, quien ejerció sobre él una fuerte influencia, al menos hasta 1930. Su primera época está definida por un estilo incisivo, de gran precisión, una pintura opaca, silente.

En 1939 es reclutado y enviado al frente, de donde pronto regresa herido. Se refugia entonces en Suiza, permaneciendo allí hasta el final de la guerra. Es aquí cuando su trabajo experimenta un cambio, volviéndose más denso. Aparece de esta manera el desnudo y las escenas de adolescentes en situaciones confusas, más cercanas a la perversidad que a su pretendido candor. A pesar de su predisposición a pintar jóvenes desnudas, Balthus da un sentido religioso a su actividad, y la convierte en una tarea cuasi espiritual, una práctica de hondo significado subjetivo que permite desechar los tópicos recurrentes en torno a su querencia por las adolescentes. Balthus solía decir que “las niñas son las únicas criaturas que todavía pueden pasar por pequeños seres puros y sin edad. La lolitas nunca me interesaron más allá de esta idea.”

En sus obras el tiempo se congela, el movimiento de la vida se detiene, el gesto queda interrumpido antes de declarar su propósito: la escena es simplemente presentada al espectador, ofrecida a quien pueda encontrar el misterio en lo anodino.

A lo largo de su vida, Balthus fue un pintor figurativo convencido, enfrentado a cualquier forma de abstracción. A pesar de aproximarse a Giacometti y estar asociado con Artaud, siempre rehusó recurrir a los “mundos imaginarios”. Su obra es deudora del realismo fantástico alemán pero sobre todo de figuras renacentistas como Piero della Francesca o Paolo Uccello.

Según su esposa, Balthus era bastante meticuloso. El proceso de elaboración de un cuadro le podía llevar con facilidad meses o años, como ella explicó en una entrevista: “Para mi marido, cada pintura es como una larga novela, el resultado de una intensa experiencia y de una búsqueda perpetua. En su trabajo se quedaba absorto, no hablaba, se metía dentro de su universo y es allí donde se realizaba como autor.”

Balthus, uno de los pocos pintores que pudo ver en vida sus lienzos colgados en el Museo del Louvre iba a cumplir 93 años. Había abandonado la clínica en la que llevaba hospitalizado varios meses. Regresó a su chalé de Rossinière, en el cantón suizo de Vaud. Allí murió hace más de quince años —el 18 de febrero de 2001—, tranquilo, con un único deseo en su alma: pintar.

Texto: Carla Sanjuán.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies

Watch Dragon ball super