lunes, 25 de septiembre de 2017

Yamamoto: pequeñas cosas en silencio.

Masao Yamamoto, “A box of Ku #752” (2000).

“Prefiero susurrar mis mensajes al oído antes que desvelarlos en voz alta”. Toda una sutil declaración de intenciones que define a Masao Yamamoto, el fotógrafo japonés que, hasta el 8 de enero de 2017, cuelga una selección de sus fotografías en el Centro Niemeyer de Avilés. Mejor alejarse del ruido, de la furia, de la algarabía incesante que rodea otras manifestaciones culturales más mediáticas y huecas.

No hay peor cosa que aquella que te deja indiferente o te lleva al bostezo interminable. No ocurre esto cuando te enfrentas a las fotografías, a los susurros en gelatina de plata, de Yamamoto: cuando logras conectar con sus, por momentos, inquietantes imágenes, las historias y los recuerdos vuelan hacia ese territorio marcado por la memoria. A diferencia de otro tipo de fotografías que te asaltan nada más cruzar el umbral de la sala de exposiciones, el pequeño formato que utiliza obliga a buscar, a acercarse, a encontrar esa conexión. Una de las claves está en la contemplación, sin más. Dejar la mirada en la foto, buscar la conversación en el hecho de mirar, de ver, como si estuviésemos sentados en una piedra a la orilla de un río. Su trabajo está al margen de etiquetas, de corrientes artísticas. Hay en su trabajo una búsqueda interior que intenta llegar a la esencia de las cosas y fundirse en la naturaleza aprovechando la energía que desprenden el agua o los árboles, interiorizando la fuerza poderosa de las cosas en estado puro. Necesariamente hay que huir del vértigo con el que se suceden los días. Escapar de la mecánica y rutinaria existencia.

Yamamoto se inició en el mundo del arte estudiando pintura al óleo en Gamagori, la ciudad en la que nació en 1957. Y es esa formación la que le lleva a tratar sus fotografías de una manera artesanal emparentada con la tradición oriental, con su tradición cultural, en la relación del hombre con la naturaleza, con el subjetivo concepto de belleza y con el paso del tiempo. Es ahí, en esa región inhóspita, en la que sus propuestas encajan a la perfección. El delicado procesado de sus fotografías, casi siempre en blanco y negro, y el virado con té o café, crean los susurros, las pequeñas cosas en silencio.

Fotos salpicadas, rayadas, con los bordes rotos. Retratos que parecen rescatados de polvorientos álbumes o del cajón más antiguo y olvidado. Fotos que se arrugan y envejecen en los bolsillos de su pantalón.

Suele decir que durante los cuarenta años que lleva trabajando se ha preguntado constantemente ¿qué es lo que ha visto?, ¿qué es lo que ha dejado de ver?, ¿qué es lo que ha dicho?, ¿qué es lo que ha dejado de decir? La respuesta está en las nubes, en las piedras, en los árboles, en los monos y en los gatos que aparecen en las imágenes. La respuesta hay que buscarla en sus fotos.

Texto: Roberto Pato.

Un comentario

  1. Isaac Maccabe

    Este artículo ha sido muy útil para mí, voy a aprovecharlo y mandárselo a un amigo por Facebook que estaba buscando lo mismo. Muchas gracias por compartir la información 😀

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