jueves, 14 de diciembre de 2017

Insondables: haciendo apnea con McEnroe.

Tal vez el hecho de que me guste perderme en paisajes marinos para ver amanecer tiene mucho que ver con que me gusten las canciones de McEnroe. Es más, puede que el día que encontré “Mundo Marino” (Subterfuge Records, 2008) perdido en un estante de la tienda de discos volviese de la ría de Avilés. Algunas veces me cuesta explicar el porqué de mi adicción a esos lugares llenos de nubes de toxicidad, polvo de carbón importado en El Musel, edificios hermosos en su decadencia y bares oscuros en los que lamentarse por la mierda de vida. Dosis de realidad intravenosa, como las canciones de McEnroe. Lo que tengo claro es que cualquiera que fuese la razón que me empujó al mítico disco de McEnroe fue un acierto, tanto como madrugar para ver los primeros rayos de sol acariciar lentamente los enormes balones de nitrógeno en la Campa Torres de Gijón. Será que al fondo rugen las olas. Querencia del mar. A lo mejor.

Nunca he sido bueno en los comentarios de texto, en hacer de exégeta. Más de una vez he tenido que cerrar la boca —y quedar como un imbécil— al escuchar interpretaciones de letras tan profundas que lo que consiguen es desvirtuar una hermosa canción. Puede que tenga que ver con que últimamente piense que tampoco aporta demasiado complicarse en exceso: mejor tirar de la navaja de Ockham para comprobar que en igualdad de condiciones la explicación más sencilla suele ser la más probable. Llámame simple.

Así que no encontrarás aquí una opinión trascendental sobre las canciones de “Mundo Marino”. ¿De qué serviría analizar frases como ‘el relojero cierra la persiana al comprender que el tiempo no hace más que molestar’? Ya sabemos que el tiempo es una putada, sobre todo el tiempo que nos roba la vida. Y seguramente tú también te has sentido alguna vez “como un mineral en un museo al que nadie va”. ¿O no? Me gustan las canciones de McEnroe porque están llenas de sensaciones que me reconfortan; llenas de matices que las convierten en piezas únicas. Influye el tono de voz de su cantante y las guitarras cristalinas que dibujan volutas de humo, como el cigarrillo que muere en el cenicero. Me gustan las canciones de McEnroe porque también son susurros que gritan. Esas canciones que reflejan tantos estados de ánimo son las que han conseguido que “Mundo Marino” se haya convertido en un disco mítico de esta banda de Getxo.

Desde que Carlos Subterfuge recibiera de manos de Miren Iza (la peculiar voz de Tulsa) una maqueta de “Mundo Marino” han pasado muchas cosas. La más importante, que en 2008 se editase el disco que ha logrado que McEnroe continuase una carrera musical que llega a estos días con un nada desdeñable puñado de canciones agrupadas en discos tan potentes como “Tú nunca morirás” (2009), “Las Orillas” (2012) o “Rugen las Flores” (2015). Así que, una vez más, tenemos que agradecer el olfato de Carlos Galán, no en vano Subterfuge atesora en sus archivos algunas de las bandas más significativas de los últimos treinta años de música española. Sabia decisión la de la discográfica que ha decidido, ahora, reeditar “Mundo Marino” en un vinilo doble con un par de canciones extra. Todo un bálsamo para este invierno de inversión térmica y gripe amenizada con vahos de eucalipto y paracetamol.

Hay otro detalle que no quiero dejar pasar: la portada del disco. Fue lo que, sin duda, llamó mi atención aquel día volviendo de la ría. Es una foto firmada por Al Betrayal. La sorpresa llegó al rastrear el muy interesante trabajo del fotógrafo, sin embargo lo primero que encontré fue la noticia de su fallecimiento. Fotógrafo, escritor, dibujante. Álvaro Bastero (1988-2010) realizó una serie titulada “Mundo Marino” en la que un hombre vestido con traje negro portaba un maletín cubriendo su cabeza con una vieja escafandra. El hombre pasea por la ría de Bilbao. Al Betrayal también firmó la fotografía para la portada de otro disco de McEnroe, “Tú nunca morirás”. Escribir sobre el corto pero intenso mundo artístico de Álvaro me llevaría, ahora, demasiado espacio, mejor lo dejamos para otra ocasión. En cualquier caso queda de tú mano sumergirte en internet para descubrirlo por tu cuenta.

Parece que diciembre de 2016 es un mes que McEnroe debe enmarcar: además de la reedición de “Mundo Marino”, Subterfuge también ha publicado “Quiero pensar que aún queda tiempo”. Otra acertada decisión. Es un recopilatorio de canciones extras e inéditos de distintas sesiones y discos de McEnroe. Incluye un par de temas en inglés (“Sometimes” y “She is”) ambas forman parte de la maqueta “Apaga el día y me quedo” del año 2002. Sí, también McEnroe hicieron canciones en inglés. No están mal, de hecho “She is” se está convirtiendo en una de mis preferidas. En el disco nos obsequian con “El final de nuestros años de diversión”, una de las primeras canciones en castellano de la banda y en la que ya aparecen algunas de las claves del “sonido McEnroe”. Varios temas de “Trébol” (EP publicado en 2004), entre ellos “Las peores mitades” que es la primera canción de McEnroe en la que aparece Miren Iza. Completan el disco “Restaurantes” y “Londres” también del EP “Trébol”; “Brandon Marlo” y “Magreb” de la primera versión de “Mundo Marino” y “Resurrección”. En conjunto es un buen disco, con un sonido más crudo y primerizo. Fundamental para completar y entender a McEnroe.

Subterfuge también nos deja en 2016 otra perla: “Lluvia y truenos” la colaboración de The New Raemon y McEnroe. Pero esto ya es otra historia.

Texto: Roberto Pato.

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