lunes, 25 de septiembre de 2017

Los avatares de una editorial sin ínfulas.

En la imagen, Joaquín de Pastors de Queimada Ediciones. Fotografía de archivo.

Hoy hablamos con el editor Joaquín de Pastors, de Queimada; una editorial que, si bien se fundó en 1978, atraviesa un momento de cambio y reformulación.

—Martín Parra: ¿Cómo gestiona una editorial pequeña las peticiones de edición? ¿Son, como se suele hacer ver, un fenómeno insistente, voluminoso y diario?
—Joaquín de Pastors: En nuestro caso, la verdad, y sin exagerar, te diría que cada semana recibimos de dos a tres propuestas. Con la nueva estructura, nos repartimos el trabajo entre los miembros del Comité Editorial y aquellas que cada uno considera interesantes las pasamos al resto para valorarlas antes de tomar una decisión final.

—¿Puedes referirnos acerca de la génesis de la editorial? No sé si en aquella etapa estuviste involucrado del mismo modo en que lo estás ahora.
—Te cuento de oídas, porque aunque ya era amigo de alguno de los fundadores no participé activamente en ese momento; más allá de vender libros algún domingo por la mañana en el Rastro por echar una mano. Queimada surgió de un grupo de gente del mundo libertario, muy interesada en la cultura y sobre todo por publicar en la independencia. Por entonces, sobre todo, se luchaba por los derechos, por el derecho a expresarte o a comunicar o a publicar todo lo que cuestionara el Sistema. La fórmula era sencilla, aproximadamente la mitad cobraba sueldo o paro y el resto aportaba lo poco que podía. Todos los meses se juntaba el dinero y se repartía a partes iguales. El resto, trabajar y aprender, ya que la mayoría no procedía del mundo editorial ni de las artes gráficas.

—¿Es Queimada Ediciones una editorial alternativa y con ínfulas (una más, quiero decir)?
—Tenemos tan pocas ínfulas que ni siquiera nos gusta mucho eso de ir de alternativos. Es verdad que decidirte por un determinado canal de distribución te encamina mucho por ese lado, pero también está por ver si intentáramos movernos en otros canales el caso que nos harían. Al final, tomas unas decisiones que tienen sus consecuencias. Pero en modo alguno tenemos vocación de que nos lean las selectas minorías. Ni mucho menos.

—¿Cómo se vivió la evolución de la libertad de expresión (en lo periodístico y lo literario)? ¿Había ganas de publicar?
—Había ganas de vivir en libertad, había ganas de respirar, y eso se trasladaba a todo lo demás. Como ejemplo te diré que el primer libro publicado por Queimada era una obra que defendía los derechos de los homosexuales, y en nuestro equipo no había un/a solo/a homosexual. Quiero decir que se trataba de romper barreras, de difundir ideas libertarias, muy aplastadas hasta entonces por la doble oficialidad: el franquismo, ideología oficial y el comunismo, ideología alternativa oficial. Todo interesaba, todo era nuevo, realmente, para muchos, y estábamos descubriendo un mundo que sólo habíamos podido entrever en alguna escapada fugaz más allá de los Pirineos o del Canal de la Mancha, sobre todo.

—¿Cómo ha cambiado el mercado y la dinámica del lector de entonces a hoy?
—Hoy se publica muchísimo y, aunque sea un tópico, se lee menos. Se trata de un fenómeno curioso pero está ahí. Hace unos años se pensaba que el libro electrónico iba a revolucionar las costumbres y el mercado y se está viendo que no es así, quizás porque la incorporación de los jóvenes a la lectura es más lenta, cuando no mínima, directamente. Hay mucha afición por la escritura, eso es cierto, pero la gente se va al blog, al relato corto, a la poesía. Está el fenómeno de la autoedición, que a veces da algunas sorpresas. Creo que más que impulso literario lo que existe es un afán por dejar huella, porque tu opinión aparezca en algún sitio y tener la oportunidad de que alguien te haga caso. Importa menos leer que el que te lean, aunque sea en Twitter.

—¿Cómo se financia una editorial y de qué forma se distribuyen los recursos en cada publicación? Quiero decir: ¿hay inversión en publicidad, impresión, pago a autores, etcétera?
—En nuestro caso todo esto tiene muy poco recorrido, intentamos hacer presentaciones en librerías o espacios culturales, movemos lo que podemos en las redes y a veces nos publicitamos en algún periódico como Diagonal o el Madrid15M, pero para de contar. No buscamos otro objetivo que las ventas de los propios libros porque no queremos vernos comprometidos económicamente y así poder publicar realmente lo que nos interesa. Es verdad que, hasta ahora, Queimada la hemos movido dos jubilados que no necesitábamos que la editorial nos diera beneficios para vivir. Pero claro, podemos publicar mucho menos de lo que quisiéramos. El bloque distribución-librerías se lleva el 50% de los ingresos y los autores el 10%. Del 40% restante tenemos que pagar absolutamente todos los gastos que genera un libro, desde el diseño a los envíos postales. Trabajando con precios bajos, otra de nuestras señas de identidad, no puede quedar mucho. Pero es nuestro sistema y en él seguimos.

—¿Cuáles son las trabas que encontráis en el ámbito de las publicaciones políticas? ¿Qué crees que debería cambiar para mejorar la situación?
—Sinceramente, que hoy en día se puede publicar cualquier cosa, otra cuestión es que quieras que te lo subvencionen, claro, porque ahí ya tienes que entrar por el aro del que subvenciona. Pero la única traba la pone el público, el lector, los posibles compradores. Si les interesa lo comprarán y si no se irán a otra cosa. El problema es más bien el conseguir que los potenciales interesados lleguen a saber que hay una publicación que les interesa, y eso es muy difícil por la saturación pseudoinformativa que padecemos a todos los niveles. Pero es el mundo en que vivimos, y los “alternativos”, los que van de ello, se preocupan más por su parcelita y meter el codo que por buscar estructuras que permitan llegar a más gente. Vamos, como la vida misma.

—¿Cómo evoluciona la relación con un autor una vez se concreta un nuevo encargo o propuesta?
—En nuestro caso tenemos de todo, pero en general termina siendo una relación más o menos cercana y sí que, de alguna manera, se establece una especie de relación de interdependencia un tanto curiosa. Casi siempre, cuando has publicado a alguien, terminas repitiendo con él e involucrándote en nuevos proyectos. Quizás por una cierta falta de profesionalidad por nuestra parte, no lo descartaría; los afectos juegan un papel importante en estos casos. Compartir presentaciones, firmas de libros y alguna que otra caña también ayuda.

—Hace poco que os habéis vinculado al Colectivo Burbuja. ¿A qué se debe esta decisión?
—Fundamentalmente a la necesidad de gestionar la editorial de una forma más comunal y a repartir el trabajo de manera que cada uno pueda dedicarse a aquello que más le gusta y, si es posible, para lo que está mejor preparado. También supone el respaldo de un colectivo de personas que buscan alternativas al Sistema y que se mueven en el ámbito de las teorías económicas y sociales diferenciadoras de la línea oficial. No era fácil para nosotros, unos “viejos rockeros”, encontrar un grupo al que poder confiar un proyecto de gran solera y tan querido con la confianza de que continúe, con muchas mejoras seguramente, la línea que la editorial ha mantenido desde su inicio.

—¿Qué ambiciona una editorial con recursos limitados, como es, en este caso, Queimada? ¿Especializarse en una temática o apostar por el trabajo de un autor (evolución, etcétera) es una vía para la estabilidad?
—No creo que las dos alternativas que sugieres sean antagónicas salvo que las planteemos desde un punto de vista totalizador. Somos una editorial muy especializada, y valorada, en el campo de los temas sociales y políticos, en entrar en debates de una cierta actualidad, en la promoción de las ideas libertarias y en una posición política claramente enfrentada al Sistema y a sus defensores. Pero eso no es incompatible con apostar por dar estabilidad y continuidad a la labor de un autor cuando pensamos haber encontrado a alguien que lo merece, desde el punto de vista de la calidad y también del compromiso con su propia literatura y con su entorno. En eso estamos y esperamos seguir en esta doble línea.

—Gracias, Joaquín.

Texto: Martín Parra.

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